Aguamarga

Al pie de la espectacular Mesa de Roldán y el cerro de un viejo embarcadero al que llegaba el ferrocarril minero, Aguamarga ha sido siempre un poblado de pescadores situado a ras mismo de la arena de su playa, casi único centro de su vida incluso hoy, cuando las edificaciones se han ido extendiendo robándole terreno a las huertas de alrededor. Precisamente esa simbiosis entre playa y pueblo es la principal característica y el principal atractivo de esta barriada de Níjar que ofrece hoy al visitante un logrado (y aún mantenido) equilibrio poblacional que sólo en el mes de agosto apunta saturación y una bella playa donde se confunden baño y vida cotidiana, porque las primeras casas del pueblo tienen por calle la playa y a esta playa dan, sin nada de por medio, restaurantes y bares, como si la franja de arena fuese el jardín delantero de la línea de viviendas. 

Refugio en las últimas décadas de algunos personajes interesantes y curiosos que la han escogido para perderse de la intensa vida en sus lugares de origen, Agua Amarga es, ante todo, un lugar muy especial, tan especial que, a decir de uno de sus más significatos asiduos (alto ejecutivo de una importante compañía), es “el punto del territorio español en el que más se desconectan los teléfonos móviles”, lograda imagen que explica por sí sola la naturaleza de lo que quienes la frecuentan buscan en ella y, en última instancia, consuelo para algo de lo que casi siempre se alegran, la dificultad de señal para la telefonía móvil de esta ensenada rodeada de acantilados que llaman a aventurarse por la línea del mar. 

La playa de Agua Amarga, que alterna los tramos de arena con otros de cantos y, en verano, las sombrillas con las barcas de pescadores, está flanqueada a norte por los restos del antiguo embarcadero al que llegaba el ferrocarril minero de Lucainena, en funcionamiento durante la primera mitad del siglo, y a sur, sobre la vegetación espontánea de desierto, por una pared blanquecina (la de la Punta de Torre Blanca) que muestra unas curiosas cuevas, en su día viviendas, comunicadas entre sí. Ambos extremos de la ensenada llaman a caminar cerro arriba e introducirse en el paisaje para buscar excelentes vistas que nos presenten la inmensidad del mar y de la línea costera.

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