Felix


Felix es otro pueblo de honda huella árabe, otra de las claras pervivencias de la España de Al Andalus, tanto que está situado frente a un cerro llamado de la Matanza por lo que allí sucedió en 1568, cuando los moriscos asediados y al borde la derrota prefirie­ron el suicidio arrojándose desde los riscos de la montaña a la hu­millación y el sometimiento. Anécdotas y leyendas a parte, su mis­ma estructura habla de ese pasado musulmán, cuando Felix era el centro más importante de la Taha de Almexixar y su importante producción agrícola y ganadera. 

Situado en un terreno de monte llano y a más de ochocientos me­tros sobre el nivel del mar que domina, Felix mantiene buena parte de los rasgos de los pueblos alpujarreños almerienses y una histo­ria ligada a la seda, la rica agricultura andalusí y la minería, en cuyos tiempos llegó a contar con cinco fundiciones de plomo, lo que significa que, como en el caso de otros pueblos almerienses, la masa forestal que un día lo envolvía fue en buena parte aniquilada. 

Felix es otro pueblo cargado de sencilla belleza, como se advierte a simple vista desde la carretera o desde las cumbres de la sierra. Blanco y flanqueado por un apreciable arbolado que parece soste­nerlo desde abajo, está presidido por un castillo árabe del siglo XI, recientemente restaurado, que domina la bahía de Almería y que da idea de la importancia que el pueblo llegó a alcanzar en el siste­ma defensivo de la capital en tiempos de los árabes. Su mirador ofrece, por lo tanto, una de las más privilegiadas y recomendables vistas de la provincia. 

Igualmente espectacular es la visión desde la plaza, en la que des­taca, además del horizonte que se domina, la iglesia de la Encarna­ción, una de las más interesantes de todo el Poniente almeriense, un templo que centra, por su sólido aspecto, el perfil del pueblo y que, levantado sobre la antigua mezquita musulmana, data del XVI. 

Formado por el típico ovillo de calles estrechas y en cuesta que corresponde a su naturaleza urbanística, el pueblo depara, al tiempo, la sorpresa de innumerables rincones que destacan por su buen estado de conservación y que se antojan la pervivencia de un mundo anclado en el tiempo, casi pasado, que, como en el caso de Enix, contrasta con la pujante y frenética actividad que, a muy pocos kilómetros, muestran la agricultura intensiva y los inverna­deros del Poniente. 

Sede de una cooperativa que empieza a ofrecer al mercado un aceite de oliva de estupenda calidad, Felix es otro de esos lugares recomendables para degustar la gastronomía popular almeriense, y en especial sus postres, para hacer, en suma, un turismo de descanso, tranquilidad y buenos alimentos con los que completar una excur­sión que sus parajes y sus calles merecen.

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