Laroya

Por encima de Macael, y a más de ochocientos metros de altura, metido en una hoya entre los cerros de la vertiente norte de la Sierra de los Filabres que ascienden hasta Bacares (de un término árabe que significa “cazuela” u “hoya” debe de proceder su nombre), se encuentra Laroya, un precioso pueblo en forma de graderío que trepa a la montaña en medio de un paisaje bastante verde que hace realtar más la atractiva vista de un pueblo que se domina (que realmente domina al viajero y sus rutas) desde la lejanía. Ya su visión llama a desviarse de la carretera y buscarlo, al gual que la visión, desde él, del paisaje circundante llama a caminar, cerros arriba hacia el Reúl y la Loma de la Junquera, por una naturaleza, la de Filabres, que nos presenta a cada paso (en esa zona entre rocas que se ven al fondo desmochadas por la extracción de mármol) recodos, cortadas y pequeños valles imponentemente frondosos. 

Pueblo muy pequeño que se redujo enormemente tras la crisis de las emigración que asoló la vida provincial de buena parte del siglo xx, Laroya nació como asentamiento en tiempos árabes al calor del trabajo en las canteras del mármol y desarrolló inmediatamente una agricultura (almendros, olivos, grano, trigo, maíz) y una ganadería (cerdos) suficiente para mantener a sus vecinos de las que ya quedan pocos restos. Tras la Reconquista, la importancia de las canteras de mármol hicieron que, como Macael, se le adjudicara dependencia directa de Baza y, tras la rebelión de los moriscos y su expulsión del antiguo Reino de Granada, fue refundado por repobladores. 

Término municipal bastante extenso y de parajes bellísimos, Laroya cuenta con una bonita iglesia mudéjar del XVII cuya historia define por sí sola el emplazamiento del pueblo: la lejanía del valle y la dificultad de transportar los materiales desde el valle por escarpados caminos y precipicios aconsejó la realización de los ladrillos en el mismo pueblo y, para el efecto, se construyó junto al río una tejera donde pudieran fabricarse.

Laroya, cuya economía ha estado siempre ligada al mármol, fue noticia hace unas décadas por un curioso fenómeno natural que no ha vuelto a reproducirse, pero que tampoco pudo quedar aclarado por los estudiosos e informadores que acudieron a contemplarlo, unos extraños fuegos que, en el paraje de Fuente el Saz, surgían al azar y de forma espontánea que llegaron a quemar la mies recolectada y hasta las ropas de algunos de los curiosos a los que atrajo. 

Atalaya de la comarca del mármol, pueblo atractivo y misterioso, Laroya merece una visita, una larga visita si el viajero se deja seducir por los paseos a los que, cerros arriba, llama la sierra.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Macys Printable Coupons