Partaloa

Sobre los bancales verdecidos y bajo una ladera pedregosa, erosionada y grisácea, en la subida desde el Valle del Almanzora hacia la Sierra de las Estancias, al borde de la rambla de La Hojilla, un pueblo pequeño, en tres niveles que corresponden a sus tres filas de casas, llama a un alto en el camino, Partaloa. En él el viajero advertirá inmediatamente que se respira la tranquilidad que no ofrece el dinámico y activo valle del Almanzora y girará en redondo su mirada: desde la sequedad cercana en la ladera a sus espaldas al verdor del valle delante y a la sierra que, por encima de él, se levanta imponente, se tendrá la impresión de que la atmósfera tranquila del pueblo ha sido hecha justo para la observación plástica, para la sensualidad material de comparar visualmente formas y texturas, como afirmó el pintor Carlos Pradal tras sus días de estancia en el pueblo.

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