Roquetas de Mar


Roquetas de Mar es posiblemente el mayor símbolo de modernidad que encontramos en la provincia de Almería. Población, como muchas da la costa, que ahonda sus raíces en las primeras culturas comerciantes del Mediterráneo, Roquetas ha sabido coger el tren de la historia y ofrece hoy modernidad en todas las facetas de su vida y su actividad, desde su urbanismo a su producción agrícola, desde su hostelería a todos sus demás servicios. 

En los llanos de Roquetas, por encima de la Punta del Sabinar en la que empieza el amplio Golfo de Almería, fenicios y griegos establecieron comunidades de pescadores que aprovechaban las buenas condiciones que playas y fondeaderos ofrecen para el atraque de los navíos y que les permitía abrir más puntos de contacto comercial, como iban haciendo por todo el Mediterráneo y estableciendo también a lo largo de la costa meridional española. La pesca y un creciente comercio centraron, tras la dominación romana de la Península y la definitiva victoria sobre los cartagineses, la vida de la Turaniana romana, que debió de estar situada primero en lo que hoy es Torre Quebrada de los Bajos, entre las actuales Roquetas y Aguadulce, y, después, en el emplazamiento de la actual Roquetas de Mar, donde fue reconsruída tras haberse anegado el primitivo asentamiento, de hecho levantado sobre zona de marismas. En su primera ubicación ha existido hasta los años Sesenta una torre cuadrada de mampostería que desgraciadamente no se ha sabido conservar para las generaciones venideras y se han detectado en todos sus alrededores numerosos restos que demuestran y documentan la presencia romana. 

La fortificación de la costa de Roquetas data de época árabe, cuando se construyeron, concretamente en época del sultanato nazarí y además de la del Castillico en el interior, hacia La Mojonera, la Torre del Esparto, la Torre de Cerrillos y el Castillo de las Roquetas, en la actualidad llamado de Santa Ana y que dió nombre al pueblo. Tras la Reconquista, disminuyó la actividad comercial, no se consolidó la plaza militar pese a ser considerado por documentos de la época como zona estratégica y la pesca y las salinas pasaron a ser la casi exclusiva forma de vida de los pocos habitantes de la zona y de los vecinos que bajaban de los pueblos próximos de la Sierra de Gádor (Felix, Enix y Vícar), a quienes se debe, ya mediado el siglo XVIII, el nacimiento de lo que pondríamos considerar la actual Roquetas. Dichos pescadores fueron roturando por parcelas el salinoso, pantanoso y árido suelo de la zona y en ella se establecieron con sus familias para poseer un pequeño terreno propio para el cultivo en una epopeya que, dos siglos después, veríamos de alguna forma repetirse en la totalidad de la comarca del Poniente y que repetidamente hemos observado a lo largo de la historia de un municipio, Roquetas, que ha demostrado saber ganarle siempre terreno al mar. 

Fue a partir de los años Cincuenta de nuestro siglo cuando el pueblo, que contaba desde hacía varias décadas con la barriada del Puerto, adquirió el impulso que culminaría en la actual Roquetas de Mar. Las prospecciones y estudios llevados a cabo por el Instituto Nacional de Colonización desembocaron en la construcción de la infraestructura mínima para el ulterior desarrollo agrícola del municipio y, en general, de toda la comarca. Conducciones de agua, carreteras y colonias de viviendas pusieron las bases para el asentamiento de un nuevo campesinado (en buena parte llegado de los deprimidos pueblos de la Alpujarra), que, en el giro de una década, fundó El Parador y Las Marinas y permitió la ampliación del mismo Roquetas de Mar. 

Sin embargo, Roquetas de Mar no se iba a limitar a ofrecer terreno a los colonos agrícolas. Los de más edad recordarán aquel personaje estrafalario de largos bigotes y bañador que parecía más bien traje de presidiario que, flotador en la mano, le proclamaba a toda España que estaba “loco por bañarse en Almería”. Roquetas empezaba a olfatear el turismo y ofrecía sol y mar. En plena épica de las costas malagueña y alicantina Roquetas de Mar iniciaba una aventura que iba a ser determinante para conferir a este rincón de la bahía los rasgos de modernidad que lo caracterizan, ésos que lleva siempre consigo el contacto, por vacacional que sea, de personas de pueblos y culturas distintos. 

Casi todo en Roquetas es distinto a como era hace medio siglo. El llano del que apenas afloraban unos cuantos matorrales es hoy una auténtica ciudad de plástico volcada en una de las producciones más rentales de toda la economía española, la agricultura intensiva, el gran motor de la pujante economía almeriense. La costa en la que apenas se elevaban unas pocas casas y alguna torre vigía que recordaba el paso de los árabes y, más allá, las anteriores civilizaciones que nos visitaron, presenta hoy una importante y bien concebida oferta turística en la misma villa y, sobre todo, a derecha e izquierda de ella, en la Urbanización y en Aguadulce respectivamente. Sólo una actividad recuerda la Roquetas de siempre: la pesca. 

De todas formas, la pesca también se ha modernizado. Varias decenas de embarcaciones utilizan lo más auténtico de los métodos artesanales para ofrecer un producto de calidad en sus besugos, salmonetes, melvas, bonitos, caballas, etc., capturadas en las profundidades del mar frente a Aguadulce o ante la costa entre Punta Entinas y Almerimar, hoy la preferida por unos pescadores mayoritariamente jóvenes, así como buena parte de los mejillones consumidos en la provincia. 

La pesca se presenta como la gran continuidad de la Roquetas de siempre y como un complemento de calidad a los dos grandes sectores económicos del municipio y, por lo tanto, de la provincia de Almería, de la que Roquetas es la tercera población (alrededor de 40.000 habitantes de censo, a parte su siempre numerosa población flotante, especialmente en verano) y uno de los centros sin duda más pujantes. 

Roquetas de Mar centra más de dos tercios del turismo que recibe la provincia de Almería y, al tiempo, ofrece su segunda vivienda a miles de almerienses censados en la capital u otros municipios próximos y acoge cada vez más habitantes fijos procedentes de la comarca y, sobre todo, de la capital, donde el elevado precio del terreno y, por lo tanto, de la vivienda, hace difícilmente accesible la compra de una casa, especialmente a las parejas jóvenes, un fenómeno que Roquetas de Mar está sabiendo explotar en Aguadulce con una oferta cuya relación calidad/precio es bastante apreciable. Entre la oferta turísica en aumento y este fenómeno de migración interior el sector de la construcción está creciendo en los últimos años y se le está dando al municipio una animación a todos los niveles que ha hecho olvidar la Roquetas de antaño. 

La agricultura intensiva, con unas 3.000 hectáreas dedicadas a los cultivos bajo plástico, ha cambiado el paisaje y la vida de Roquetas. Frecuentemente nacida de explotaciones de tipo familiar, la fuerte producción hortofrutícola, cada vez mejor planificada en todas las fases del proceso, se ha convertido en el más sólido y principal recurso para una población (la de mayor densidad -casi 700 habitantes por kilómetro cuadrado-, mayor crecimiento demográfico y una de las más jóvenes de la provincia), en la que las cifras de paro no suele superar el 5 por ciento. Invernaderos, alhóndigas, empresas de transformación, centros de comercialización, industria auxiliar, empresas de servicios etc., han hecho del municipio de Roquetas de Mar uno de los principales productores y exportadores agrícolas de España y han colocado unas sólidas bases económicas que, en cuanto quede definitivamente resuelto el problema del agua a través de la instalación de desaladoras, constituyen una auténtica garantía de futuro. 

Y, además, Roquetas ha sabido combinar sabiamente dentro del propio municipio dos sectores de la producción tan alejados entre sí como son la agricultura y el turismo, ambos explotados al máximo, como puede fácilmente advertirse desde las alturas de Sierra de Gádor, o desde la misma autovía por enicma justo de Aguadulce, cuando asistimos a la impresionante escena de un llano que parece, por el reflejo metálico del sol sobre el plástico, un mar que está separado de otro mar, esta vez de verdad, por una franja de construcciones y playa. El municipio cuenta con más de diez quilómetros de playas en buen estado medioambiental, además de zonas de calas y rocas por valor de otros quince kilómetros, menos directamente aprovechables para el turismo convencional, pero de indudable atractivo para el visitante. 

Los dos núcleos turísticos fundamentales del municipio son la Urbanización y Aguadulce, que ofrecen cerca de 15.000 plazas hoteleras y más de 40.000 para el alquiler de apartamentos, chalets, bungalows, etc., aunque la villa de Roquetas presenta, paralelamente, una excelente oferta gastronómica y de servicios, así como un espectacular Paseo Marítimo, una interesante iglesia del XVIII, el ya nombrado Castillo de Santa Ana (muy bien restaurado) y uno de los puertos más bellos de la provincia. 

La Urbanización, situada entre Roquetas villa y Punta Entinas y con algunos complejos realmente bonitos por su arquitectura suave e integrada en el medio, es exclusivamente un centro turístico con toda la diversidad de establecimientos dedicados a la recepción de miles de visitantes que, dado el clima de la zona, mantienen la actividad a lo largo de todo el año, siendo la presencia del llamado turismo de la tercera edad la más representativa fuera de la temporada alta. Jubilados de toda Europa y de otras zonas de España escogen la Urbanización para suavizar, e incluso evitarse, los rigores del invierno en sus lugares de origen, dando a la Urbanización un aspecto de tranquila y apaciguada vida primaveral (aquí no hay propiamente invierno) que contrasta con el ajetreo y la excitación de los niños que llenan los días del verano o los jóvenes que abarrotan sus noches de marcha en los pubs, terrazas y discotecas que proliferan. 

Aguadulce, también importante centro turístico, tiene, sin embargo, características completamente diferentes, y en parte puede considerarse una extensión de la capital misma. Aguadulce es cada vez más la primera residencia de familias que se trasladan desde la capital por el fenómeno ya aludido del precio de la vivienda. Es, también, la sede creciente de la segunda vivienda de los almerienses. Y Aguadulce es, igualmente, lugar de esparcimiento para la juventud de la capital, que en verano acude masivamente a su oferta de animación y ocio. 

El que era un pequeño pueblo en el recodo de Sierra de Gádor que cierra los llanos del Campo de Dalías es hoy una ciudad que crece a lado y lado de la carretera trepando hacia la montaña y que ofrece un enorme Puerto Deportivo (junto al de Almerimar, el más importante de la provincia) de día dedicado a sus tareas propias de la navegación deportiva y el mantenimiento de las embarcaciones allí aracadas, y de noche transformado en punto de encuentro para el esparcimiento de jóvenes, de turistas y de visitantes de la comarca y de la propia Almería, que abarrotan un complejo bien concebido y resuelto repleto de restaurantes, bares de tapas, pubs y hasta una espectacular discoteca cuya estructura recuerda entre baile y baile al cliente que se encuentra en un puerto. 

Característica común de Roquetas villa, la Urbanización y Aguadulce, es la modernidad urbanística. Construcciones como el Centro de Exosiciones de Aguadulce (sede, entre otros eventos, de la Expoagro, una de las ferias agrícolas más importantes del mundo), el Palacio de los Deportes de Roquetas, la moderna iglesia de Aguadulce, algunos imponentes hoteles o, simplemente, la anchura dada a varias de las vías recientemente abiertas en Roquetas dan al municipio un aire de desarrollo y planificación que contrasta con el de otras poblaciones de la provincia. Roquetas de Mar está logrando combinar una significativa oferta turística con un urbanismo que se situa dentro de los límites de lo aceptable, sin pasar la frontera definitiva de la masificación, un difícil equilibrio que convendría seguir observando para no perder uno de los rasgos esenciales de la redefinición de la modernidad que caracteriza a este final de siglo que ha descartado crecimientos ilimitados tipo los de los años Sesenta en aras a una mayor comodidad y tranquilidad.

Los grandes núcleos del municipio, El Parador incluído, presentan una cada vez mejor oferta comercial y de servicios que hace, en consonancia con lo antes expuesto, más cómoda la vida. Centros comerciales, supermercados, almacenes de venta, simples tiendas e incluso unos minicines dan la medida exacta del fuerte crecimiento del nivel de vida, al igual que la creciente infraestrutura escolar habla de una población joven que asegura de por sí la continuidad del crecimiento demográfico. 

Pero Roquetas de Mar posee también algo más que una economía pujante. En su término municipal, justo donde acaba la Urbanización, se encuentra, encerrada entre los últimos edificios de ésta e invernaderos, la Reserva y Paraje Natural de Puntas Entinas-Sabinar. La vegetación, de Carrizos, Juncos y Salicornias, le confieren una peculiar personalidad y belleza y, en su interior, en la zona de las salinas y charcas, se pueden ver aves acuáticas como los Flamencos o las Garzas Reales y especies esteparias como los Alcaravanes o los Chorlitos, muestras del centenar y medio de especies que habitan el paraje. Por otra parte, pegados ya al mar se pueden contemplar dunas y matorrales de Sabina mora y Lentisco y gozar de algo que en los núcleos de Aguadulce, Roquetas o la Urbanización parecía inútil plantearse buscar: playas vírgenes de aquéllas que encontraron en su día los comerciantes fenicios o los ocupantes romanos, playas que, como el Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar o como, aún, buena parte de la franja costera entre Aguadulce y Roquetas, tiene el municipio que cuidar, porque característica también del actual concepto de modernidad que define a Roquetas ha de ser el de la conservación y hasta el mimo del medioambiente.

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