Taberno

Taberno tiene algo de pueblo de juguete, de población encantadora más pendiente del detalle que de la grandiosidad, a veces engañosa, que aportan los volúmenes colosales, como si este pueblo situado en las estribaciones de la sierra de las Estancias, sobre el monte de El Madroño, quisiera recordarnos que la belleza puede ser sencilla y no por eso deja de ser belleza. Taberno es, en efecto, un pueblo precioso en el que, sin embargo, apenas destaca una iglesia, no muy grande y muy sencilla, que centraliza un urbanismo de pequeñas casas sin concesiones pero sólidas, elegantes y, a su manera, señoriales, con tejados, ulcramente conservadas y con rejas y balaustradas metálicas que dan a las casas y caserones un aire distinguido que no encontramos en otras poblaciones de paecida situación y tamaño, un pueblo muy acogedor, amante de las flores en sus animados patios. 

Es un pueblo especial, muy propio, este Taberno que sube a la sierra de Las Estancias, lo que significa que camino de Los Vélez y su aire en cierto modo castellano. Se nota esta influencia de años dependiendo de los Vélez en esa sobriedad que apunta al visitante y en la misma callada laboriosidad de sus habitantes, que han sabido a lo largo de los siglos conservar en el pueblo y las pedanías y barriadas del término municipal la producción de cereales, leguminosas, almendros, olivar y esparto y, en especial, la crianza del ganado cabrío y lanar, que con el tiempo han hecho de Taberno el mayor manipulador y vendedor de leche de cabra de la provincia, y que han vendido en las ferias cercanas sus tejidos de lana. 

Municipio autónomo desde 1839 (tras un breve paréntesis en torno a la Constitución liberal de 1812, hasta que fue abolida por el absolutismo), es inexcusable seña de identidad del pueblo el Baile de Ánimas, expresión festiva que data del siglo XVII y que, impulsada por una cuadrilla, está entre la más animadas de cuantas encontramos en la provincia, altamente participativa y creativa. 

Ahora con la perspectiva de ir incrementando la agricultura con los beneficios que pueda aportar el Pantano, lo que se sumaría a las recientes perforaciones de los acuíferos, Taberno asoma al nuevo siglo con renovado optimismo, dispuesto a consolidar una realidad que, no por sencilla, deja de ser satisfactoria, como sencilla, pero llamativa, es su gastronomía o como sencillo y adusto, pero al tiempo coqueto, es en sí este pueblo que mira con un ojo a los Vélez y con otro al Almanzora, como tierra que es de frontera histórica y geográfica donde Medieterráneo e interior se dan tanquilamente, sin choques ni chirríos, la mano en un ejemplo de sencillo y digno equilibrio.

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