Vera

Vera es una ciudad que se ha rehecho varias veces a sí misma. Continuación de la Baria fenicia y púnica de las proximidades de Villaricos y de la romana ya asentada en la Villaricos actual, la decadencia de las minas de Sierra Almagrera y la inseguridad en que se encontraba su notable población hicieron que en el siglo XIII los veratenses se asentaran en la pequeña aldea ya existente en el luego llamado Cerro del Espíritu Santo, donde nace la Vera musulmana, ciudad fronteriza del reino nazarí de Granada con las cristianas tierras de Lorca a partir de la segunda mitad del siglo, y tierra por lo tanto de frecuentes enfrentamientos y constantes razzias hasta su toma, en 1488, por Fernando el Católico, cuando se inicia un tan vertiginoso proceso de cambios internos que casi podríamos hablar de una refundación de la villa. 

Recibida en el paraje contiguo de El Real por los ejércitos cristianos la promesa de fidelidad de los dirigentes y personajes destacados musulmanes de los pueblos de alrededor, expulsada extramuros la muy mayoritaria población musulmana y repoblada por cristianos de armas, Vera asistió en muy poco tiempo a un cambio total de su tejido sociológico y de su mismo papel comarcal preponderante, reconocido formalmente en 1494 al ser declarada ciudad de realengo vinculada a la Corona y con fueros y privilegios especiales. Sin embargo, esa nueva Vera iba a durar e iba a tener que rehacerse en el giro de pocos años, a raíz del terremoto que, a finales de 1518, destruyó la totalidad de la ciudad: sus murallas, su castillo y sus doscientas casas. Se iniciaba una nueva etapa en la compleja historia de la villa, que volvía a nacer en el llano bajo sus ruinas, con planta cuadrada y amurallada que podía albergar alrededor de seiscientos habitantes. 

Ciudad, como hemos visto, de composición cristiana rodeada de una mayoría morisca, Vera fue reconstruyéndose en medio de un ambiente social cada vez más tenso, debido a la creciente vulnearación por las autoridades cristianas de los acuerdos alcanzados con la población musulmana en los momentos de la conquista, y de las acciones de la piratería berberisca, muy apoyada por los descontentos moriscos, que fueron viendo a lo largo del siglo cómo año a año iban reduciéndose sus derechos civiles, culturales y religiosos. Y, finalmente, en 1568 sucedió lo que tenía que suceder, la sublevación de las Alpujarras, que se extendió como una mancha de aceite por todo el Reino de Granada. Vera fue asediada en septiembre de 1569 por las tropas de Aben Humeya, que consideraba estratégicamente crucial la toma de la ciudad y de la comarca para la recepción de refuerzos procedentes de la costa argelina. Sólo el apoyo de las guarniciones lorquinas evitó la toma de la ciudad y, tras el fracaso general de la sublevación, se decretó la expulsión d elos moriscos del reino de Granada y, ya en 1610, de los territorios de españoles, dejando una estela de pueblos diezmados o incluso abandonados (los casos de Teresa y Cabrera, por ejemplo) y una situación civil en franco retroceso económico y cultural sólo superado a finales del XVIII, cuando asistimos a una extensión de la villa, y, sobre todo, en el siglo XIX, con el impulso dado por la minería, que pareció culminar en la ciudad el discurso de modernidad que sus ilustrados (creadores de la cuarta Sociedad de Amigos del País que se fundaba en la atrasada España) llevaban imponiendo no sin dificultades (entre ellas la fuerte represión desatada por Fernando VII) desde mediado el siglo anterior. 

La liberal Vera que dio a Almería uno de sus más significativos dirigentes progresistas de su historia (el rico empresario de la minería don Ramón Orozco -1806-1881-, diputado a Cortes en siete ocasiones y presidente de la Junta Revolucionaria de Almería en 1868) vivió con la minería el esplendor de toda la comarca, y a aquella riqueza generada (acompañada por un auténtico resurgir de la agricultura tras la introducción del naranjo) se debe la importante transformación del pueblo, que se extendió, se dotó de significativas casas señoriales, construyó el Ayuntamiento, la Plaza de Toros, el Asilo de Ancianos, etc. Pero la crisis minera, como en el resto de la provincia, dio paso a una profunda crisis que ha marcado el siglo XX casi hasta nuestros días. 

Una crisis superada, como se advierte con un simple paseo por un pueblo muy remozado que hasta ha reinaugurado su hasta hace poco abandonada Plaza de Toros y que está de alguna manera refundándose de nuevo a través de la creación de una auténtica “segunda Vera” en el mar, fruto del enorme impulso turístico de los últimos años. 

Vera está jugando a fondo la baza del turismo, y lo está haciendo bien, ofreciendo una más que contrastada calidad en los servicios dirigida más a un público selecto que al gran público. El primer tramo de la costa veratense, El Playazo, en la desembocadura del Río Antas, es uno de los más famosos de España por albergar el único hotel naturista de nuestro país, contiguo a un camping naturista y, lógicamente, sobre una playa naturista que atrae a aficionados a ese tipo de vida de toda Europa. Más al sur, la playa de Puerto Rey, que ocupa la mitad del litoral del municipio, se caracteriza por una interesante animación, en especial en torno a uno de sus chiringuitos, que atrae año tras año a destacados personajes de la vida pública española. Puerto Rey, la urbanización decana y una de los núcleos costeros mejor resueltos de la provincia (con unas envidiables casas en primera línea de playa), ha abierto camino a otros núcleos como Pueblo Laguna o Las Marinas, sobre la playa del mismo nombre, y ha iniciado, por lo tanto, esa nueva Vera que vuelve a ubicarse en el mar, casi donde la primitiva Baria, aunque esta vez sin abandonar el anterior núcleo, multiplicando su ubicación como está multiplicando sus posibilidades. 

Vera, en efecto, no sólo tiene unas excepcionales expectativas económicas, sino que empieza a contar como una realidad sólida y pujante que va más allá del turismo y de la consolidación y el avance de su agricultura o de otros sectores económicos ligados a ellos, de lo que es un buen ejemplo la hostelería. De hecho, el más importante de los servicios que está ofreciendo a este boom turístico, el de la hostelería, ha alcanzado una calidad que lo ha hecho afirmarse en sí mismo más allá de su imprescincible complemento a la playa y el sol. Vera es, hoy por hoy, el gran motor del resugir de la gastronomía almeriense y, en particular, de la interesante oferta de la restauración en la comarca. 

Sobre los pasos del histórico Antonio Carmona, no sólo la archiconocida Terraza Carmona, sino algunos otros restaurantes veratenses o de la comarca, son hoy referencia indispensable en la gastronomía mediterránea española que ha llamado la atención a guías especializadas y a una clientela que viaja hasta Vera desde la comarca y hasta las provincias limítrofes para gozar de una buena mesa principalmente basada en la excelente materia prima de un mar y un campo (los almerienses) que ofrecen unos productos de auténtica calidad, pero también abierta a otras especialidades, como por ejemplo la caza o el toro. La gastronomía veratense, que ha consolidado ya dos importantes encuentros especializados anuales y que representa cada vez con más frecuencia a Andalucía en ferias y muestras internacionales, constituye un ejemplo para el resto de la hostelería provincial y, en general, un auténtico ejemplo de los resultados que siempre alcanza el trabajo hecho con profesionalidad y seriedad. 

La ciudad que ha sabido siempre reconstruirse a sí misma está sabiendo construir una realidad cada vez más atractiva y con mayor entidad que conserva con esmero su pasado. Vera posee un patrimonio histórico y documental muy cuidado, como la Iglesia de la Encarnación (de estilo gótico y con la inconfudible marca de iglesia-fortaleza que tenía que dar cobijo a la población en caso de asalto enemigo) que posee un interesante retablo barroco que merece la pena contemplar; como el Ayuntamiento, un edifico del XVI remodelado en el siglo XVIII que exhibe en su interior los escudos de los distintos gremios que hubo en la ciudad; o como un interesantísimo Museo Histórico y un Archivo de entre los mejor organizados de la provincia. Y es que no podría ser de otra manera en una ciudad que ha atravesado toda la historia y ha sabido, siempre, sobrevivir a ella.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Macys Printable Coupons