Vícar


Vícar es, ante todo, el pueblo de una encrucijada histórica y cultural: Vícar viejo y Vícar nuevo, o La Puebla de Vícar; el lujoso complejo de La Envía y la atmósfera de trabajo febril de La Puebla, La Gangosa o Los Llanos; los huertos del viejo pueblo en medio de la sierra y los invernaderos del nuevo, que sigue creciendo en el llano; la tierra otrora de emigración y la permanente recepción de imigrantes de otras zonas de la provincia, de Andalucía o del mundo. 

En el término municipal de Vícar encontramos, pues, la demostra­ción más palpable del rápido proceso de crecimiento almeriense, que ha levantado un mundo completamente nuevo y, hasta hace bien poco desconocido de desarrollo agrícola sin haber llegado a el sustituir enteramente el anterior, y una especie de resumen de la situación de una provincia que está cambiando a enorme veloci­dad el antiguo equilibrio de su geografía humana. 

Vícar viejo, o simplemente Vícar, está situado en el interior mis­mo de la sierra, en un llano de la montaña a la que van trepando día a día más y más invernaderos, y presenta rasgos alpujarreños en sus huertos abancalados, en su color predominantemente blan­co, en la estructura cuadrada de la torre de la iglesia (una de las más curiosas de la provincia), unas visiones que traen a la menoría el mundo árabe del que formó parte y la inevitable referencia a la Guerra de las Alpujarras y la encarnizada batalla que se libró en toda la comarca y que acabó con la expulsión de los moriscos y con un significativo retroceso económico que la instaló en esa página de la historia dedicada no más que a intentar subsistir. 

Y Vícar Nuevo, o La Puebla de Vícar, en pleno Poniente, al borde mismo de la autovía, trae justo la impresión contraria, la de una modernidad que se refleja en construcciones (como el Ayuntamien­to), locales, almacenes y centros de producción, en su intenso rit­mo de vida, ligado a la agricultura bajo plástico. Es la Vícar de las cifras crecientes de producción, de empleo, de beneficios, la Vícar del trabajo tenaz (no más que el de siempre), pero ahora recom­pensado por una auténtica revolución agrícola que llama con fuer­za a las puertas del siglo XXI. 

Y, por si fuera poco, el término municipal de Vícar alberga, además, uno de los complejos urbanísticos más ambiciosos de cuan­tos se están desarrollando en la provincia, y tal vez el que con más nitidez esté anunciando los cambios culturales que acaban siempre comportando los procesos de fuerte desarrollo económico, el com­plejo de La Envía, tras los primeros repechos de la sierra, en el camino de Enix y Felix, una urbanización de lujo que empieza a ser una realidad y que posee ya alguna de las más impresionantes vi­viendas de la provincia. 

Vícar, pues, se nos presenta como una pequeña Almería donde con­viven la historia y el presente, lo de siempre y lo de mañana, el pasado difícil que un día estuvo cargado de esplendor y un futuro que, a estas alturas, está ya más que alcanzado y que empieza ya a dar muestras de un nuevo esplendor.

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